Donde conocer gente - 51572

Entre ellas había una cierta distancia para que pudieran cumplir con una orden: estirar los brazos y abrir las piernas hacia los lados. Sucedió durante una de las inspecciones que los tratantes de Marcela solían hacerles sin previo aviso a las mujeres que explotaban sexualmente en Japón. Tenía que pagar su cuota. Yo no lo viví pero lo vi. Nunca me atreví a hacerlo porque me daba mucho miedo. El hombre que se le acercó a Marcela Loaiza en una discoteca de Pereira, Colombia, no tenía intenciones de bailar con ella ni de enamorarla. Sólo quería presentarse y decirle que tenía un potencial inmenso para triunfar como bailarina en el exterior.

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Las costumbres no son iguales en todos lados, y menos en Japón. Cuando creías que lo habías visto todo, llegan nuevos datos curiosos de aproximadamente del mundo. Es que en cada cultura hay creencias y tradiciones diferentes. Pero hasta la vida cotidiana puede ser muy distinta de acuerdo al punto del globo en el que te encuentres. Así sucede, entre otras cosas, con los japoneses y el sexo. No es de extrañar: tienen costumbres muy diferentes a las que conocemos. Aunque mucho de su erudición ha ido penetrando occidente como la comida, o el budismo , también es mucho lo que se desconoce.

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Atención: todos los que no tengan una piel fantasmagóricamente blanca, sepan que dañaremos su moral sin problemas. Seguir leyendo queda bajo su propia responsabilidad. Desde Filipinas hasta Turquía. De Sri Lanka a Mongolia. Lo que nosotros buscamos evitar, esa apariencia de enfermo, es en Asia sinónimo de belleza. Cuando vivía en Buenos Aires me daba bronca ver a gente cercana yendo a la cama solar. No podía entender tamaña estupidez. Lo que denial sabía de esta ridícula obsesión, es que del otro lado del globo las cosas eran literalmente al bofetada.

Comentarios

Los puentes colgantes se aparecen a lo lejos y el río Iya acompaña ruidoso, desde el inicio hasta el final del recorrido. No estamos en una película de animación japonesa, estrella en la Isla de Shikoku, prefectura de Tokushima y rumbo a Nagoro, la aldea de los muñecos. Hace 60 años Nagoro tenía cientos de habitantes, había trabajadores, niños, vida. Los muñecos son como mis hijos, cuenta Ayano Tsukimi. Y se nota, porque los protege y los cuida. En su casa vive con decenas, ocupando todos los espacios posibles.

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